Caminar con correa es un aprendizaje indispensable para la propia seguridad y la de los
demás. También es muy útil para la educación canina, como evitar peleas. Aunque no nos guste que nuestro perro lleve siempre la correa, tiene que aprender a poder caminar con ella, ya que es obligatoria en un gran número de lugares públicos y nos puede traer problemas si el perro la rechaza.
Al no llevar la correa el perro se siente libre y lo mas seguro es que no le escuche. Sin embargo dar ordenes con la correa será mucho más fácil, simplemente tendrá que tirar de ella para que el perro le haga caso. Por ese motivo elegir el collar y correa correctos es una tarea importante. Para el cachorro, un collar de tela o de cuero es más que suficiente. Con el paso del tiempo es recomendable seleccionar un tipo de correa en concreto como la cadena metálica, o si es un perro grande un collar estrangulador. La correa tiene que medir aproximadamente dos metros y poder alcanzar unos siete metros de longitud provista de su mosquetón, para enseñarle a obedecer y andar.
Es recomendable empezar a enseñarle a ir en correa en nuestra casa, como si fuera un juego. Cuando el perro se haya acostumbrado a ella, y nuestras órdenes para que esté quieto, podemos empezar la educación en calles anchas y sin mucha gente.
Si el perro se siente incómodo al ponerle la correa, un método eficaz es ponérsela unos minutos al día para que vaya acostumbrándose poco a poco. A medida que ampliamos ese tiempo podemos jugar con él para distraerlo y que se olvide que la lleva puesta.
La correa tiene que ir floja sobre el lomo del perro para permitirnos luego dar pequeños tirones para acercar el perro a nosotros, que tiene que caminar a nuestro lado, no adelantándonos. Y sobretodo nunca tiene que morder ni jugar con la correa, ya que es la autoridad que tenemos sobre él y no podemos permitir que haga lo que le plazca. Es importante saber decir “¡No!” cuando haga lo que no queramos, como tirar de la correa o enrollarse en ella. Es aconsejable que el perro siempre vaya al mismo lado para que no de vueltas sin cesar.
Es recomendable no coger al perro en brazos durante los paseos, tiene que ser el perro mismo quien descubra su entorno, sin la protección a cada instante del amo, así de desarrollará como un perro tranquilo y seguro. De lo contrario puede ser que se vuelva miedoso y que necesite su protección siempre.
Tenemos que saber el porqué del miedo de nuestro perro. Una razón podría ser la falta de estabilidad, aunque también podría ser causado por la genética o herencia de los padres. Los cachorros separados de sus madres los primeros días de vida pueden sentir miedo, ya que no se han socializado y lo desconocen todo.
¿Cómo sabemos cuando tiene miedo?
Generalmente muestran el miedo a través de temblores, incluso escondiéndose o huyendo. Al sentirse amenazado el perro está listo para atacar y eliminar su temor.

- Hay que ignorar al perro que tiembla, para que éste no le haga daño. Si sabe ignorarlo no pasará nada.
- El perro que se esconde va a refugiarse debajo del sofá la mayoría de casos. Mete la cola entre sus piernas y se va con la cabeza gacha. A diferencia del perro dominante que levantará la cola para dejar bien claro que él no tiene miedo.
- El perro que huye hasta un rincón y se siente atrapado, puede ser capaz de morderle.
Es importante reconocer las reacciones de su perro ante situaciones delicadas. Los miedos pueden ser por distintas razones. Es posible que el perro no le tenga miedo su familia o amigos pero sí a la multitud o los niños, a sonidos fuertes como el timbre o los petardos e incluso de la tormenta. Seguir leyendo
Si tienes en mente la adquisición o adopción de un perro, primero debes haber sopesado los pros y contras. Un perro es una responsabilidad que se ligará a nosotros durante toda la vida del perro; hay que dedicarle el tiempo y recursos necesarios, sacarlo a pasear diariamente -aunque llueva- y poner esfuerzo y dedicación en educarle. Si somos capaces de comprometernos a eso con él, nos puede reportar muchas satisfacciones y convertirse en un miembro más de la familia.
De otro modo puede convertirse en una carga pesada, provocando problemas de convivencia y al final quien va a pagar nuestros errores y malas decisiones, va a ser el perro que nada de culpa tiene – las perreras suelen estar llenas -.
Una vez asumido esto, la correcta elección de una raza es uno de los pasos más importantes. Podemos imaginar que un Husky Siberiano puede tener problemas de convivencia en un piso de 25 m², donde seguramente se adapte mejor un perro pequeño como el Lhasa Apso. Si bien, con la dedicación suficiente un Husky puede llegar a ser feliz en dicho piso, igual nos interesa encarar bien el asunto y evitarnos complicaciones. Así pues ¿cómo escoger al perro adecuado? ¿qué debemos tener en cuenta a la hora de elegir un cachorro?
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